¿Es el rendimiento de Oriol Oliver en MXGP fruto de la suerte y de oportunidades puntuales? ¿O hay algo más detrás? Hablamos con el piloto catalán de 24 años sobre lo que supone codearse con la élite.
Texto: Adam Wheeler de Race19
En las primeras fases de la temporada 2025, el futuro de Oriol Oliver pendía de un hilo. Tenía lugar en un equipo privado de MX2, pero la pérdida del patrocinador principal dejó al conjunto sin recursos y al piloto con una petición directa: poner dinero para seguir corriendo. Oliver, entonces con 23 años, no podía asumir el coste y quedó momentáneamente fuera de juego. Su salvación llegó de la mano de la estructura privada Gabriel SS24 KTM, con apoyo parcial de la fábrica austriaca dentro de su programa de desarrollo de talento. El español no tardó en llamar la atención: cuarto puesto general en MX2 en el Gran Premio de Francia y una rápida adaptación al modesto pero eficaz equipo británico… hasta que una enfermedad frenó su progresión en la recta final del curso.

Para el propietario del equipo, Simon Gabriel, y el team manager Shaun Simpson, fue suficiente para apostar fuerte. Dentro del marco de colaboración con KTM —que incluía situar al joven neerlandés Gyan Doensen en EMX250 2026—, impulsaron el salto de Oliver a MXGP con una KTM 450 SX-F de serie, en lo que suponía tanto su obligado cambio de categoría por edad como la incursión del equipo en la clase reina.
Desde entonces, Oliver ha seguido acaparando miradas. Sus salidas explosivas, un pilotaje fluido y vistoso y una notable falta de complejos le han permitido rodar en cabeza en dos de las cinco primeras rondas del campeonato. En Arco di Trento, en la última cita disputada, firmó sus primeros top diez en MXGP con un 8º y un 10º en mangas un 9º general.

Hasta aquí, el guion típico de un novato. ¿Dónde está la diferencia? En el contexto. En la primera manga de Trentino, Oliver terminó por delante de nueve ganadores de Grandes Premios, un campeón del mundo, tres subcampeones… y siete motos oficiales. Un relato de “no favorito” en estado puro.
“Estoy aprendiendo cosas nuevas en una moto que nunca había llevado —como los cambios que estamos haciendo en la suspensión y el feeling general—, pero lo que más me gusta es que en cada carrera siento que hay margen de mejora”, explica el #83. Más allá de esa mentalidad abierta, lo cierto es que existe una conexión natural con la 450, muy distinta a la que tenía en MX2.

“Siempre pensé que la 450 encajaría bien conmigo, porque ya desde la 125, e incluso en 250, me gustaba rodar con marchas largas”, nos cuenta. “Con la 250 podía meter tercera y usarla durante toda una vuelta, sobre todo en circuitos técnicos como Arco di Trento. No soy agresivo con el gas; piloto suave y con pocas revoluciones. Por eso intuía que podía ser rápido, pero aún no sé exprimirla al máximo y sigo aprendiendo. En Arco, por ejemplo, el trazado era muy distinto a lo que suelo entrenar, así que fue una buena experiencia para entender el motor y trabajar en ajustes de la suspensión WP. Creo que soy un piloto ‘ligero’. No soy oficial, pero intento ser inteligente con lo que hago. Tengo una buena base, y eso es clave”.
A diferencia de otros pilotos que, al subir a la 450, buscan suavizar la entrega de potencia, Oliver pide justo lo contrario: “Sé que algunos bajan la potencia… en mi caso, cuanto más, mejor. No he probado una moto oficial, pero me gusta tener todo el potencial del motor porque puedo dosificar bien el gas”.
El cambio de categoría también ha supuesto un alivio mental. “En MX2 estaba más preocupado por la moto. Llegar a la parrilla sabiendo que no estaba al nivel de las oficiales de al lado no te daba confianza extra. No me bloqueaba, pero lo tenía en la cabeza. Ahora eso ha desaparecido. Tengo una moto competitiva y solo tengo que preocuparme de una cosa: de mí. Eso ayuda mucho. Además, sé que puedo salir bien y estar delante, y con el equipo hemos trabajado mucho ese aspecto. Probamos diferentes cosas y en Cerdeña encontramos la clave para salir consistentemente bien. Mi confianza ha subido”.
Pelear posición, defenderse y atacar frente a rivales con mucha más experiencia y palmarés no le intimida. “Al contrario, me da más motivación para trabajar. Me encanta el motocross y me encanta estar en esta categoría”.

La pérdida de su amigo y compañero Enzo Badenas a finales de 2025, tras un accidente entrenando, parece haber reforzado su fortaleza mental. Apenas dos meses después, en su debut con la 450 en Cerdeña, ya subía al podio en los Internazionali d’Italia. Tras el 9º puesto en Italia la semana pasada, escribía en redes que estaba “contento pero no satisfecho”. Y pese a su humildad —y a la evidente desventaja de medios frente a las grandes estructuras—, Oliver apunta más alto. En cierto modo, sigue el camino que en su día trazó Shaun Simpson, todavía hoy el último ganador en MXGP con un equipo privado gracias a su victoria en el Gran Premio de Bélgica 2015 (más tarde, en Assen, ya pilotaría una KTM 450 SX-F oficial).
Simpson define a Oliver como un piloto en plena forma, centrado y, sobre todo, modesto en cuanto a su entorno y recursos. Paradójicamente, un equipo concebido para desarrollar jóvenes promesas como Gabriel SS24 KTM está ahora moldeando a un talento en plena eclosión en la cima del campeonato, mientras también pelea por el título británico. La historia de Oliver merece seguimiento.

En el Gran Premio de Cerdeña, en la exigente arena de Riola Sardo (cuarta ronda), el español cedió terreno en el pelotón, pero una semana después, en Arco, volvió a mostrarse sólido y combativo.
“En Riola las cosas fueron bien, pero es un circuito muy duro y todavía estoy en pleno proceso con la 450”, explica Oriol. “Fue positivo, aunque los resultados no tanto porque me cansé, sinceramente. Es uno de los trazados más duros, junto con Lommel. Salir delante fue una gran lección y me mantuve ahí todo lo que pude, dando el máximo y sin guardar energía. Me vacié. Después de Cerdeña me centré en recuperar: casi no toqué la moto y me preparé para Arco, donde mis tiempos por vuelta apenas cayeron durante la manga y eso me dejó satisfecho. Estamos cerca y ahora, sin GP durante unas semanas, podemos trabajar muy duro para dar el siguiente paso”.
El foco del MXGP puede estar en la lucha por el título entre Jeffrey Herlings, Lucas Coenen y Romain Febvre; en la adaptación de rookies de lujo como Tom Vialle, Kay de Wolf o Andrea Adamo; o incluso en la evolución del proyecto de Ducati en su segundo año. Pero la clase reina siempre guarda historias paralelas con peso propio, y la de Oriol Oliver junto a Gabriel SS24 KTM está decidida a ganarse tanto los focos como los resultados.














































































