Chase Sexton dejó un mensaje tan sincero como revelador tras la segunda ronda del AMA Pro Motocross en Hangtown. Y aunque sus palabras no mencionan directamente a Kawasaki ni a la moto, inevitablemente invitan a una comparación con la situación que ha vivido Jorge Prado desde su llegada a la marca japonesa.
La semana pasada, la estructura estadounidense de Kawasaki volvió a quedar en el centro de la atención. Tras finalizar 11° en la primera manga de Hangtown, afectado por una caída en los primeros compases de carrera, varios medios locales informaron que Sexton habría descargado su frustración al tirar su moto al regresar a la carpa del equipo. En la segunda manga logró recuperarse con un cuarto puesto, pero el fin de semana dejó más preguntas que respuestas.
En el comunicado oficial de Kawasaki, el estadounidense mantuvo un discurso mesurado, centrado en corregir errores y seguir trabajando. Sin embargo, en sus redes sociales mostró una faceta mucho más personal.
«Ha sido un año difícil, en el que no he podido rendir ni de lejos a mi nivel, pero, dicho esto, no voy a rendirme y, al final, eso hará que las victorias sean aún mejores.»
Más allá de los resultados de Hangtown, el mensaje refleja una realidad que viene acompañando a Sexton desde el inicio de su etapa con Kawasaki: la sensación de que todavía las piezas no terminan de encajar entre su manejo y las tan críticadas políticas de trabajo dentro de la estructura.
Quizás sea pronto para sacar conclusiones definitivas. Pero cuando dos campeones de la talla de Prado y Sexton pasan por las mismas estructuras y ambos atraviesan procesos de adaptación más complejos de lo esperado, es inevitable que las miradas se posen sobre Kawasaki.
Porque el problema puede no ser la moto. Sin embargo, la pregunta surge de manera inevitable: ¿por qué ni los pilotos más talentosos no pueden sentirse completamente cómodos?














































































